Mindfulness
27/10/2020

Hábitos de mindfulness para la vida cotidiana

Mente Sana

Inicia el día con mindfulness

Comienza el día escuchando los pensamientos que pasan por tu mente. Presta atención a cada pensamiento e intenta volver a la práctica de convertirte en un testigo imparcial. Observa tus pensamientos diariamente y no los tomes con excesiva seriedad. Deja que vayan y vengan y acéptalos, incluso aunque sean interferencias. A través de esta auto observación vas a tener mucha más atención en tu vida y vas a fortalecer la práctica. Ten presente, en el día a día, que eres tú, y no el piloto automático, quien debe dirigir tu vida hacia un estado de atentividad.

Antes de salir de la cama respira profundamente cinco veces para reconectar con tu cuerpo. Si te sientes angustiado, cansado o infeliz, trata estos sentimientos y pensamientos como fenómenos mentales que vienen y van, y se disuelven. Acéptalos y suéltalos. Así conseguirás despertarte apartándote del piloto automático.

Crea lemas diarios y presta atención

Todo aquello que no se refuerza acaba perdiéndose, por lo que es aconsejable crear lemas o frases diarias que te ayudarán a recordar los ejes centrales de la práctica, como por ejemplo:

Soy algo más que la mente.

Mis pensamientos no son hechos.

Soy algo más que mis emociones.

Soy capaz de generar más bienestar en mi vida.

Es fácil volver a funcionar con el piloto automático y ser absorbido por ese incesante río de acontecimientos inconscientes que nos caracteriza. La ausencia de atención plena ha sido hasta ahora un modelo dominante y no podemos salir de él tan fácilmente sin prestar atención de forma deliberada. Utiliza recordatorios o preguntas sencillas a través de tu agenda o de tu móvil para estar atento.

Para el concepto del tiempo y mantente atento a los sentidos

Tómate cada día unos instantes para implicarte en el presente. Si observas que tu mente vagabundea hacia el pasado o hacia el futuro, intenta amablemente colocarla en el aquí y ahora. Puede ser haciendo una actividad sosegada que implique la atención como cocinar, caminar, nadar, etc.

Una forma poderosa y sencilla de entrar en el patrón de atención plena es dirigir tu atención a los sentidos. ¿Puedes ser capaz de contener la oleada de sensaciones que captan tus sentidos y discriminar cada uno de ellos? ¿Qué ves? ¿Qué sientes? ¿Qué olores puedes percibir? ¿Qué sabores están presentes? ¿Qué sonidos escuchas?

La vista es uno de los sentidos más dominantes, así que intenta ampliar y explorar tu campo visual. Sal del ordenador tanto como puedas, intenta salir de tus lugares habituales y camina todo lo que te apetezca prestando atención a lo que encuentras a tu paso. Contempla siempre los diferentes planos que tiene nuestra existencia y experimenta los beneficios de ver más allá de las apariencias.

Siente y escucha

Muchas veces pasamos parte de la vida pensando y dedicamos muy poco tempo a sentir. ¿Qué tal si, por un día, cambias tu modo de actuar del pensar al sentir? Cuando restamos importancia a lo que estamos sintiendo acabamos dejándonos llevar por nuestras interpretaciones mentales, haciendo juicios y valoraciones simplistas de lo que se percibe. En suma, estamos atrapados en nuestras mentes, y en lugar de estar presentes en el momento, nos dejamos llevar. Esta práctica de estar sintiendo es muy poderosa. Concédete la oportunidad de practicarla siempre que puedas, pues te resultará muy gratificante.

La escucha es una de las prácticas más poderosas de la atención plena porque nos ofrece una gama de cualidades sutiles para apreciar en el día a día. Somos animales sociales, nos nutrimos del afecto y de la escucha de los otros. Así que, por unos instantes, intenta guardar silencio y nutrirte con lo que escuchas. Si te resulta difícil permanecer en silencio solo escuchando, puedes volver a practicar la «meditación de los sonidos» que practicamos durante la cuarta semana.

Cuando estamos con una persona a la que conocemos a menudo no queremos escucharla, sino que queremos hablarle o convencerla de nuestras ideas, bien sea con las palabras o con el gesto y la mirada. Por eso, te recomendamos dedicarte momentos para estar completamente presente cuando escuchas a alguien. Busca, para empezar, a un ser querido, y elimina la idea de querer cambiar cualquier cosa de la que quieran hablarte. Aprecia profundamente lo que te está diciendo e intenta no hablar o decir solo lo que sale de tu ser más atento.

Si vas un paso más allá del ejercicio anterior, de lo que se trata ahora es de estar presente y escuchar a alguien con quien no tenemos ninguna conexión. Cuando vayas por la calle, observa y escucha lo que nos dicen las personas que no conocemos. Elige, por ejemplo, sentarte en un banco de un parque o una plaza y observa lo que sucede. Explora cómo te sientes cuando alguien se acerca, qué pasa en tu cuerpo, cómo te encuentras, qué pensamientos vienen a tu mente y si eres capaz o no de escuchar al otro sin temores ni prejuicios.

¿Ves posible aplicar alguno de estos trucos en tu día a día? ¿Qué otras maneras de mantener la conciencia plena se te ocurren? 

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Licenciado en periodismo y en antropología social y cultural. Título de profesor de Yoga. Profesor y director de escuela de Yoga (Yoga Transforma)

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