Cómo abordar una mente dispersa con mindfulness
02/04/2019

Cómo abordar una mente dispersa con mindfulness

Mindfulness

Sabemos que cada segundo entran en nuestro cerebro aproximadamente once billones de datos, que son catalogados, analizados y filtrados. Un proceso de validación y descarte que depende de la utilidad o inutilidad de la información. Se trata de una actividad indispensable para la supervivencia, pero ¿cómo lo hacemos compatible con la concentración y la atención al presente?

El mindfulness nos puede ayudar. 

El reto del mindfulness el océano de los pensamientos

Estar atentos, seleccionar y descartar es un proceso que el cerebro realiza a una velocidad pasmosa que funciona en modo automático, porque el coste energético de ser consciente de toda esa dinámica nos desbordaría. Cada segundo estamos tomando decisiones conscientes o inconscientes, sobre lo que deseamos y lo que no deseamos. Para eso hacemos uso de la inteligencia y de las funciones reflexivas que nos permiten discriminar que será útil en el futuro, el impacto que tendrá nuestra decisión y los cambios que tenemos que hacer. 

Los humanos aprendemos usando un método infalible: ensayo y error, vamos probando que aquello que creemos es cierto, hasta que, a veces, acertamos. Así es como la mente se entrena. Primero con la resolución de problemas sencillos que van ganando complejidad a medida que crecemos. Uno de los rasgos más asombrosos del pensamiento humano es la capacidad de abstraer y prever lo que ocurrirá antes de que las cosas sucedan. Visibilizar escenarios posibles y, a partir de esa visualización, decidir. En la práctica, resulta más sencillo decidir sobre la forma óptima de resolver problemas ajenos o aquellos que implican objetos o situaciones que no nos afectan a nivel emocional, que tomar decisiones cuando nuestras emociones están en juego. 

A veces estamos en un estado de ánimo idóneo y nos sentimos felices. Pero en otras ocasiones nuestro estado de ánimo es inapropiado y sufrimos. En cualquiera de esas dos situaciones el cerebro sigue cumpliendo su objetivo de intentar procurarnos la supervivencia con la mayor eficiencia. 

En ese modo de actuar automático el cerebro se comporta a veces de una forma bastante egoísta, pues no piensa más que en sí mismo sin tener en cuenta a las demás personas. Pero para ser felices y sobrevivir siempre hemos necesitado a los otros: somos animales sociales. En un sentido evolutivo, hemos necesitado hacernos más inteligentes y comprender el modo en el que hacemos las cosas.

Primero, reconociendo cómo las hacemos para nosotros mismos, y, más tarde, reconociendo la forma en que las hacemos para los demás. 
Si no estamos en armonía con nosotros mismos la relación con los demás puede ser difícil, hasta el punto de convertirse en una lucha. Desde el origen de nuestra especie hemos tenido que luchar para ser vistos, tocados, amados y admitidos… y todo eso lleva aparejados pensamientos de comparación y competitividad. Un niño lucha contra su hermano por la atención de sus padres, un enfermo habla fuerte y llama la atención del médico para obtener un pronto alivio. Todo eso forma parte de las estrategias normales que desarrollamos los seres humanos para sobrevivir y lograr nuestros objetivos. 

Puesto que todos queremos ser felices, y todos queremos evitar el sufrimiento, desarrollamos pautas de comportamiento que garanticen nuestros objetivos. Pero en ocasiones integramos esquemas de comportamiento que nos afectan y resultan nocivos. Nos referimos a pautas de pensamiento recurrente, como la rumiación, la preocupación, la comprobación y celo excesivo, con las que, de una forma incontrolada, intentamos verificar continuamente la corrección o incorrección de nuestros pensamientos, emociones, sentimientos y decisiones. Dar vueltas a las cosas ha sido una pauta evolutiva que nos ha hecho encontrar solución a diferentes problemas, pero también ha sido una fuente innecesaria de dolor emocional. Nuestro cerebro sabe que dar vueltas a las cosas es una inversión que merece la pena, porque lo ha hecho durante milenios. Sin embargo, desde el punto de vista psicológico, dar vueltas a los problemas no significa necesariamente encontrar una solución para ellos.

La propuesta del mindfulness 

El mindfulness nos propone una mirada diferente a la hora de vivir los problemas. No se trata de una técnica, ni de un conjunto de habilidades, y tampoco de una aptitud, sino de un abordaje de la realidad diferente al ordinario que reconoce también el tremendo valor y el esfuerzo que realiza a diario nuestro cerebro. Este nuevo abordaje no se centra en resolver los problemas. Se centra, más bien, en comprender que existe un modo diferente de relacionarse con ellos. 

Hemos visto que el cerebro intenta resolver dificultades y retos valiéndose de la inteligencia, pero el mindfulness nos propone relacionarnos con los problemas, ya sean afectivos, emocionales o de relación con los demás, y las dificultades propias de la vida, abandonando la tendencia a conseguir una meta final. 

El reto es entrenar a la mente para que experimente el nuevo abordaje. Para que aprenda con amabilidad que estar o reconocer los problemas no implica necesariamente que tengamos el poder de resolverlos. Algunos tendrán solución práctica, pero otros no, porque no dependen de nuestra voluntad. Ese modo de estar presente, con lo que sucede, sin pretender cambiarlo, es lo que estamos buscando cultivar a través del mindfulness.

¿Sientes que en determinados momentos le das demasiadas vueltas a las cosas? ¿Qué técnicas te funcionan para no entrar en esta espiral?

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