El castigo: técnicas de modificación de conducta en la infancia
17/10/2017

El castigo: técnicas de modificación de conducta en la infancia

Pediatría

Existen diversas técnicas empleadas en la terapia de conducta que se han hecho muy relevantes y hasta han conseguido adquirir nombres específicos, sin embargo, la técnica de modificación de conducta más utilizado en la infancia es el castigo.

El castigo en sentido técnico se refiere sólo a la presentación o retiro de eventos que reduce la frecuencia de aparición de una respuesta, y no siempre tiene porque llevar dolor físico. Sin duda, los momentos dolorosos pueden no disminuir las respuestas para las que se diseñaron como castigo, sino más bien aumentar la frecuencia de aparición de las respuestas a castigar. De forma que el castigo es un procedimiento de modificación de conductas en toda regla.

Desde hace ya muchos años, no está indicado el castigo físico como método de modificación de conductas en los niños, ya que el castigo físico por una parte significa el no respeto a la integridad física especialmente a los niños, personas mucho más vulnerables, y por otra ha demostrado hasta el cansancio que no tiene poder para corregir conductas negativas en los niños.

Tipos de castigo

Uno de ellos serían las afirmaciones verbales en forma de reprimendas, como, por ejemplo, advertencias, desaprobaciones o incluso amenazas. La forma en la que se hacen las afirmaciones verbales debe ir acompañada con miradas directas que se mantienen, es entonces cuando su efectividad se ve aumentada.

Es importante recalcar que el castigo verbal tiene una efectividad corta en el tiempo, ya que si no son respaldadas por la consecuencia que ha sido amenazada su efecto desaparece con rapidez. A pesar de todo, normalmente, el castigo se usa de forma que quitamos los eventos positivos en lugar de presentar estímulos contrarios a la conducta.

Los eventos valorados de manera positiva y que incluso pueden actuar como reforzadores positivos, son retirados como una forma de penalización. Esto se traduce en que se retira todos los estímulos positivos durante un tiempo determinado. Deben ser estímulos como por ejemplo objetos a los que normalmente tienen acceso. Este tipo de castigo ha sido muy efectivo para modificar diversas conductas, incluyendo el discurso, accidentes al ir al baño, chuparse el pulgar, etc. Las ventajas obvias de esta técnica de modificación de conducta son la duración relativamente breve y la ausencia de dolor.

El costo de respuesta se refiere a la pérdida de un reforzador que sea totalmente positivo. Requiere una penalización de alguna clase. Los ejemplos del costo de respuesta en la vida diaria infantil comprenden quedarse sin ver la televisión, sin jugar, sin usar el ordenador por no cumplir las normas que se hayan establecido.

Como consecuencia para la conducta indeseable puede pedírsele a un sujeto que participe en respuestas que implican trabajo o esfuerzo. Esto es distinto de presentarle un estímulo aversivo (por ejemplo, reprimenda) o retirarle un evento positivo (por ejemplo, costo de respuesta), aquí se le pide que se involucre en conducta aversiva.

La sobrecorrección 

Con la sobrecorrección, la penalización por participar en una conducta no deseada es llevar a cabo algunas otras conductas en la situación dada, pueden distinguirse dos componentes de la sobrecorrección:

  • El primero denominado restitución, que consiste en corregir los defectos ambientales de la conducta inapropiada. Así, si un niño tira comida en la mesa del comedor, se le pedirá limpiarla completamente.
  • El segundo componente, llamado práctica positiva, consiste en practicar de manera repetitiva la conducta adecuada, por ejemplo, se le pedirá al niño colocar la comida en su plato de modo adecuado varias veces en hilera y quizá también servir la comida a otros.

Estas respuestas son algunas de las formas “correctas” de servir y manejar alimentos en la mesa.
La restitución y la práctica positiva en ocasiones se combinan y otras se emplean solas, dependiendo de las conductas a suprimirse. La sobrecorrección sola o en combinación con otros procedimientos ha modificado una variedad de conductas como accidentes en el control de esfínteres, actos agresivos, conductas autoestimulantes, berrinches, morderse las uñas y modales en la mesa.

Resultados de unos cuantos minutos de entrenamiento correctivo después de la conducta deseada han conducido a efectos terapéuticos rápidos y duraderos.

El procedimiento de castigo seleccionado en cualquier instancia puede estar determinado por varias consideraciones, a saber, la gravedad de la conducta, el peligro para el sujeto y los demás, la facilidad de poner en práctica el procedimiento en un escenario en particular, y el entrenamiento necesario de las personas que aplican el proceso de modificación conductual.

Reglas o principios del castigo

Sea cualquiera el castigo a utilizar, se deben seguir una serie de reglas o principios para que sea efectivo, éstas son:

  • Se debe informar cual o cuales van a ser específicamente las conductas a castigarse.
  • Debe igualmente informar de cuál será el castigo a la conducta en cuestión.
  • Una vez cumplidos los puntos anteriores, se ofrecerá el castigo en la primera oportunidad que emita la conducta y cada vez que lo haga. Esto implica que se debe castigar siempre y no a veces.
  • El castigo debe ser contingente a la conducta, y por lo tanto al igual que el reforzamiento debe tener una latencia corta. Es decir, la aplicación del castigo debe ser lo más próximo posible (en tiempo) a la emisión de la conducta en cuestión.
  • El castigo debe ser siempre de la misma intensidad y no depender del estado emocional de quién lo aplica.
  • Al igual que con los refuerzos no se debe generalizar el castigo, debe ser de forma individual y dependiendo de las características de cada sujeto.

Sí que es cierto, que, a pesar de ello, se hace un mal uso y sobretodo que se hace un abuso del castigo. Esto, hace que aparezcan problemas en niños y especialmente en adolescentes.

Por lo que se demuestra que emplear el castigo de forma habitual no se asocia con que el niño tenga una mejor conducta, de hecho, se podría decir que el castigo sea cual sea el tipo, de todos los que hemos comentado en este post, pueden hasta incrementar las malas conductas.

Intentemos no abusar de él, pero tampoco premiemos lo que hemos considerado mal desde un inicio y eso es lo realmente difícil. ¿Sabríamos diferenciar lo que está bien de lo que está mal y lo más importante, mantenernos firme en el tipo de castigo empleado?

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Diplomada en Enfermería por la escuela universitaria de Sant Joan de Dèu perteneciente a la Universidad de Barcelona. Máster en Enfermería quirúrgica por la Universidad de Barcelona en el Hospital de tercer nivel Sant Joan de Dèu. Postgrado en enfermería de Salud laboral por la Universidad internacional de Cataluña. Máster en formación para el profesorado en enseñanza de educación secundaria obligatoria, bachillerato, formación profesional e idiomas.

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