La metáfora del yoga como árbol
15/02/2018

La metáfora del yoga como árbol

Muchas maneras se han encontrado para explicar de manera gráfica lo que es el yoga para explicar y hacer comprensibles todas sus implicaciones de una forma global. Pero seguramente la manera como lo ha expresado uno de los grandes yogis de nuestro tiempo, B.K.S. Iyengar, en su libro El Árbol del yoga, es de las más originales y entrañables que podemos hallar. 

La semilla y las raíces del yoga

El eminente yogi B.K.S. Iyengar detalla cómo los 8 pasos del Yoga se corresponden a las diferentes partes de un árbol: la semilla, las raíces, el tronco, las ramas, las hojas, la corteza, la savia y los frutos. Es una brillante exposición que nos  ayuda a recordar e interiorizar el camino óctuple del Yoga. 
Los sabios de la antigüedad, que experimentaron la visión del alma, descubrieron la semilla de ésta en el yoga. Dicha semilla presenta ocho segmentos, los cuales a medida que crece el árbol, dan origen a los ocho miembros del Yoga. 
La raíz del árbol es Yama, que comprende cinco principios: ahimsa, sathya, ashteya, brahmacharya y aparigraha. La observancia de yama disciplina los cinco órganos de acción, a saber, los brazos, las piernas, la boca, los órganos de procreación y los órganos de excreción. Así pues, los yoguis comienzan por el control de los órganos de acción. Yama es por lo tanto la raíz del árbol del Yoga. 

El tronco y las ramas

A continuación viene el tronco, comparable a los principios que componen Niyama. Éstos son sucha, santosha, tapas, sdadhyaya, Iswara pranidhana. Estos cinco principios de Niyama controlan los órganos de percepción: los ojos, los oídos, la nariz, la lengua y la piel. 
Del tronco del árbol surgen varias ramas. Una crece muy larga, otra de lado, otra en zigzag, otra recta,… Estas ramas son las Asana, las diversas posturas que armonizan las funciones físicas y fisiológicas de la disciplina yóguica. 

Las hojas y la corteza 

De las ramas crecen las hojas, cuya interacción con el aire suministra energía a todo el árbol. Las hojas absorben el aire exterior y lo conectan con las partes internas del árbol. Se corresponden con Pranayama, la ciencia de la respiración, que conecta el macrocosmos con el microcosmos y viceversa. A través del Pranayama, los sistemas respiratorio y circulatorio son conducidos a un estado de armonía.

El dominio de asana y pranayama ayuda al practicante a desligar la mente del contacto del cuerpo, lo que le conduce automáticamente a la concentración y la meditación. Las ramas del árbol se hallan cubiertas por una corteza. Sin la protección de la corteza, el árbol sería carcomido por los gusanos. Esta cubierta preserva la energía que fluye dentro del árbol desde las hojas hasta la raíz. Así la corteza se corresponde con Pratyahara, el viaje de los sentidos hacia dentro desde la piel al núcleo del ser. 

La savia y los frutos

Dharana es la savia del árbol, el jugo que transporta la energía en su viaje hacia el interior. Dharana es concentración: enfocar la atención en el núcleo del ser.   El fluido del árbol o savia conecta la última punta de las hojas con los extremos de las raíces. La experiencia de esta unidad del ser desde la periferia hasta el centro, donde el observador y lo observado son uno, se alcanza en la meditación. Cuando el árbol está sano y el suministro de energía es excelente, brotan de él las flores. Así Dhyana, la meditación, constituye la flor del árbol del Yoga.  

Finalmente, cuando la flor se transforma en fruto, éste se denomina Samadhi. Al igual que la esencia del árbol se halla en el fruto, así también la esencia de la práctica del yoga está en la libertad, el equilibrio, la paz y la beatitud de Samadhi, donde el cuerpo, la mente y el alma se unen y se funden con el Espíritu Universal.

Al fin y al cabo, esta metáfora de los ocho pasos del yoga como las diferentes partes de un árbol es una manera de recordar de manera más fácil y visual el camino que Patanjali describió en sus Yoga Sutras, resumiendo una tradición milenaria. Desde la base (semilla y raíces) que establece el terreno óptimo para la práctica del yoga, hasta el resultado final (los frutos) que equivale a un estado de felicidad y realización, las diferentes etapas del yoga marcan un camino seguro para el crecimiento personal. A menudo se califica este sendero de científico, más que filosófico o espiritual, ya que la realización de los diferentes pasos realizados sistemática y regularmente llevan a un mismo resultado.

¿Qué te ha parecido esta analogía entre los diferentes pasos del yoga y las partes que conforman un árbol? ¿En qué te ha ayudado esta metáfora? ¿Conoces otras maneras de explicar el yoga de forma global que te hayan sido especialmente útiles e ilustradoras?

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Licenciado en periodismo y en antropología social y cultural. Título de profesor de Yoga. Profesor y director de escuela de Yoga (Yoga Transforma)

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