Nunca se es mayor para practicar yoga
23/03/2017

Nunca se es mayor para practicar yoga

El yoga es una disciplina milenaria que se adapta a todas las etapas de nuestra vida. Pensar que es tarde para practicar yoga, porque ya somos mayores o porque nunca hemos hecho ejercicio regularmente es una barrera mental que debemos derribar. El yoga adaptado a las necesidades de cada persona nos puede ser muy útil y beneficioso en nuestra madurez y vejez.

Beneficios del yoga para la gente mayor

Cuando envejecemos, existe una tendencia natural a tener más achaques. Y si a raíz de ello decidimos llevar una vida más sedentaria, será contraproducente porque cuanto menos nos movamos más acentuaremos nuestras dolencias entrando en un círculo vicioso. Afortunadamente es un hecho que nuestra población mayor cada vez tiene más interés en llevar una vida activa y mantenerse en forma. Al fin y al cabo, cada vez vivimos más tiempo y es normal que busquemos una mayor calidad de vida.

Si permanecemos sentados durante periodos largos de tiempo, provocamos el acortamiento, la rigidez y la debilitación muscular. Si no movemos pesos ni trabajamos la fuerza, nuestros huesos se decalcifican llevándonos a la osteoporosis. La falta de estiramientos y movilización deteriora nuestras articulaciones y nos hace perder flexibilidad. Incluso la falta de equilibrio, que a menudo es una preocupación importante para la gente mayor, se debe a todos los factores anteriores.

Por el contrario, si realizamos una actividad como el yoga de manera regular podemos revertir muchos de estos males y disfrutar de beneficios como una mejor movilidad articular, prevención de la artritis, aumento del equilibro y la estabilidad, reducción de las posibilidades de padecer caídas, mejora de la salud cardiovascular, ayuda a la digestión, mejorar la presión sanguínea y el colesterol, apoyo en situaciones de duelo, depresión o ansiedad. Ante este catálogo de beneficios los investigadores y especialistas consideran cada vez más el yoga como una herramienta extraordinaria para combatir las afectaciones de una sociedad envejecida.

Ir a la esencia

Yoga significa unión de la mente, el cuerpo y el espíritu. Aquéllos que practican yoga en su forma más pura, lo consideran mucho más que una simple forma de ejercicio. Se considera una experiencia holística que rejuvenece la mente, el cuerpo y el espíritu. Incluso para los que practican un yoga occidentalizado (más cercano al fitness), en general la experiencia va mucho más del beneficio estrictamente físico.

Desde este punto de vista, si vamos a la esencia, el yoga puede adecuarse a todo el mundo, siempre que tengamos presentes dos elementos básicos:

  • Respiración consciente: cuando envejecemos vamos dejando de respirar de manera amplia y completa. El Yoga nos recuerda que es importante exhalar completamente para poder inhalar completamente. Al perder flexibilidad en la caja torácica o padecer problemas de columna, disponemos de menos espacio para que los pulmones se expandan. Por ello debemos tener en consideración una respiración consciente, que nos aportará aprovechamiento de nuestra capacidad respiratoria, equilibrio en el calor corporal y limpieza de nuestros pulmones. Focalizarnos en unas inhalaciones y exhalaciones completas nos servirá para enlentecer el ritmo cardíaco y mejorar la capacidad de concentración.
  • Asanas o posturas: El término sánscrito asana se traduce habitualmente como postura. La posición final de una asana se consigue cuando todas las partes del cuerpo se posicionan correctamente y de manera consciente. El objetivo de este posicionamiento es que haya equilibrio entre todas las partes del cuerpo y podamos eliminar las tensiones que pueda haber en cualquier órgano, músculo, articulación o hueso.

Enseñar yoga a personas mayores

A la hora de transmitir la práctica del yoga a personas mayores podemos sugerir una serie de directrices:

  1. Ser conscientes del estado de salud y habilidades de cada practicante. Que las clases sean con un reducido número de personas nos ayudará a dar informaciones específicas a cada una en función de sus necesidades.
  2. Ir apuntando cada uno de los pasos de la alineación y de la postura, describiendo la posición de cada una de las partes del cuerpo.
  3. Reducir el tiempo que permanecemos en cada asana.
  4. Evitar el abuso de términos en sánscrito, que puedan confundir, usando terminología que los participantes pueden entender y que les facilite recordar las posturas.
  5. Entrenarse en focalizar la mirada en un punto fijo en las posturas de equilibrio.
  6. Animar al practicante, haciéndole notar su evolución, para evitar la frustración y conseguir generar un hábito.
  7. Ofrecer diversas opciones, sobretodo en posturas de mayor desafío. Aunque no se recomienda incluir posturas complicadas, realizar al menos una que requiera más esfuerzo y superación.
  8. Focalizarse en fortalecer y estirar áreas del cuerpo que son de especial interés para la gente mayor: tobillos, caderas, lumbares, pectorales.

Siguiendo estos consejos podremos conseguir que una clase con gente mayor sea beneficiosa e incluso divertida. Tenemos ejemplos de grandes practicantes de yoga que han llegado a edades muy avanzadas practicando cada día de su vida. Aunque no tengamos que hacer las mismas posturas que ellos, sí que podemos tomarlos como ejemplo para inspirarnos para vivir nuestra vejez de la forma más plena y saludable posible.

¿Conoces a personas mayores que practiquen yoga? ¿Qué destacarías de su estado general?

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Licenciado en periodismo y en antropología social y cultural. Título de profesor de Yoga. Profesor y director de escuela de Yoga (Yoga Transforma)

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