El manejo de la confidencialidad en Coaching
13/01/2020

El manejo de la confidencialidad en Coaching

Coaching

En toda relación de coaching las normas éticas deben estar presentes tanto en el ámbito personal como en el profesional, que se manifiestan en un acuerdo de trabajo basado en la confidencialidad y unos principios éticos. Pero más allá de acuerdos y documentos, el coaching siempre debe tener en cuenta el incondicional respeto para el ser humano.

 

Los siete principios del coaching

Para que el proceso de coaching sea efectivo, correcto y esté bien orientado, el coach ha de seguir una serie de principios:

 

  • Objetividad. El coach debe esforzarse para dejar atrás sus juicios y sus evaluaciones.

 

  • Eficacia. Es importante centrarse en comportamientos que tengan consecuencias en la eficacia personal o de la organización.

 

  • Mejora de las relaciones entre personas. Cuanto mejor sean las relaciones, más efectivo es el trabajo del coach.

 

  • Humildad. Esta actitud mejora la calidad de la conexión humana del pro- ceso de coaching.

 

  • Equilibrio. Hace referencia a complementar la vida personal y el trabajo sin que se produzca detrimento en ninguna de las dos dimensiones.

 

  • Autor-responsabilidad. Implica ser consciente del efecto que pueden tener las acciones en el entorno.

 

  • Confidencialidad. El coach debe mantener la confidencialidad de los datos personales, de las conversaciones y de todo lo relacionado con los procesos de coaching hasta donde la legalidad vigente le permita.

 

La confidencialidad en coaching

La confidencialidad, a menudo, es la parte más problemática y delicada del proceso de coaching. Para crear un entorno de confianza es necesario tener en cuenta una serie de aspectos que son de especial importancia. Para el coachee (o cliente) es importante entender qué tipo de relación existe entre el coach y él mismo (o la empresa). No puede existir la confianza necesaria si existen dudas en cuanto a la confidencialidad sobre lo que se trata entre ambos. El experto en coaching debe, en la medida de lo posible, salvaguardar la confidencialidad y la objetividad de su labor. Esta es una tarea muy delicada, ya que crear un entorno de confianza no resulta fácil. Sin embargo, esto se puede conseguir a través de un diálogo fluido y abierto entre el coach y el coachee y un espacio de nido según acuerdos previos.

Imagina el siguiente caso: un padre te contrata para que hagas un proceso de coaching a su hijo. Dos días después, se acerca a ti y te pide que le cuentes qué te ha dicho tu cliente. ¿Se lo cuentas? ¿Cómo has de reaccionar éticamente? Pues la respuesta es unívoca, clara y no se presta a malentendidos. Simplemente, no le cuentas nada de lo que previamente hayas acordado con el cliente. Para decirlo más claro: tú no puedes contar nada de lo que se diga en las sesiones a menos que lo dejes establecido y acordado con todas las partes previamente y por escrito.

Otra consideración tiene que ver con la legalidad. Si un coachee llegara al extremo de decirte que se autolesionará severamente, que hará daño a otro o que actuará de una manera que tú sepas que atenta contra lo establecido en las leyes, deberás transmitirlo inmediatamente a las autoridades pertinentes. Si lo haces, siempre actuarás dentro del marco de la ética profesional e individual, y tu conciencia y tu trabajo quedarán a resguardo.

 

Derechos del cliente y del profesional

Para generar un entorno ético y de confianza, el coachee tiene los siguientes derechos:

 

  • Negociar abiertamente las reglas de confidencialidad con el coach.

 

  • Elegir a su coach, estar informado de sus credenciales, formación y experiencia.

 

  • Llegar a sus propias decisiones dentro del proceso.

 

  • Conocer el destino de cualquier documentación proveniente del proceso de coaching antes de iniciarlo.

 

  • Salir del proceso si no está de acuerdo con aspectos relacionados con la ética.

 

  • Recibir apoyo y ayuda del coach en su deseo e intento de mejora y desarrollo.

 

Por su parte, al coach o profesional también deben reconocerle una serie de garantías:

 

  • Negociar abiertamente las reglas de confidencialidad con el coachee.

 

  • Recibir la información y los recursos necesarios de la persona para realizar un proceso de coaching con éxito.

 

  • Salir del proceso por razones éticas.

 

  • Recibir un feedback sobre la satisfacción del coachee.

 

  • No ser utilizado para otras tareas más que la realización de un proceso de coaching destinado a aumentar habilidades, apoyar y desarrollar al coachee.

En definitiva, el respecto hacia la persona debe permanecer en el centro del ejercicio profesional del coaching. Y la confidencialidad es uno de los eslabones de este respeto, que permitirá al cliente sentirse cómodo y establecer una relación de confianza mutua.

¿Por qué crees que es importante la confidencialidad en el coaching? ¿Cómo piensas que es la mejor manera de transmitirlo al cliente? ¿Se te ocurre algún caso en el que esté justificado romper la confidencialidad?

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Licenciado en periodismo y en antropología social y cultural. Título de profesor de Yoga. Profesor y director de escuela de Yoga (Yoga Transforma)

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